El ritmo
La sintaxis y la puntuación producen sentido. La cadencia y el tono nacen de una música que no depende necesariamente de la materia semántica, sino de la repetición, las pausas, los silencios y las interrupciones.
Esa música no es consciente: se escucha. Algo dicta las notas de ese registro. Después vienen otras elecciones —el vocabulario, el idiolecto de un personaje, la organización de la frase—, pero la musicalidad está más ligada a lo inconsciente y se arraiga en el estilo.
Luego se corrige. Se insiste sobre ese primer hallazgo, que no proviene del autor como decisión, sino que se constituye en lo profundo de un cuerpo y se deja decir, sin la intervención de una voluntad o de un deber ser.